¿Párpados caídos? Sucede más de lo que pensamos 1

¿Párpados caídos? Sucede más de lo que pensamos

La Ptosis palpebral o párpados caídos es uno de los motivos que con más frecuencia se atiende en la consulta del Instituto Pitiuso de Oftalmología.

Puede suceder a cualquier edad y no es solo un problema estético

Uno de los motivos que con más frecuencia se atienden en la consulta de Oftalmología es el problema de los párpados caídos. Aunque es un problema que suele estar asociado a la edad, puede surgir por otros motivos y no solo a personas mayores. “Generalmente”, indica el doctor Javier Fernández, oftalmólogo del Instituto Pitiuso de Oftalmología, “el paciente refiere que se ve los ojos de diferente tamaño, siendo uno más pequeño que el otro, o que se ve un ojo más cerrado o simplemente que tiene dificultad en su campo de visión porque el párpado le tapa parcialmente el mismo.  A veces, podemos incluso detectar mecanismos compensatorios como la elevación de la ceja o del mentón para tratar de mantener el campo de visión lo más despejado posible. Al problema de la falta de visión se une un problema estético.

En estos casos, la exploración va a ir enfocada a detectar un problema en el músculo elevador del párpado superior, que es el encargado de subir y mantener en posición el párpado.

La ptosis palpebral puede aparecer a cualquier edad, incluso en niños, y por diferentes causas. “Generalmente”, continúa Fernández, “en niños suele ser congénita y es debida a una alteración en el desarrollo y estructura del músculo, el cual no tiene la suficiente fuerza para realizar su acción. Es importante tener en cuenta que la ptosis palpebral detectada en niños por debajo de los 6 años puede ser una causa de ojo vago (déficit en el desarrollo visual). En estos casos, va a ser imprescindible realizar una corrección de la posición del párpado para permitir que el campo de visión quede libre y, por tanto, la visión del niño se desarrolle simétricamente en ambos ojos sin interferencias”.

 

Durante los primeros años de vida es importante observar si el niño presenta alguna dificultad para mantener los ojos abiertos mientras realiza tareas como dibujar, leer, o escribir, en cuyo caso es necesario acudir a un especialista.

En adultos, la causa más frecuente suele ser la desinserción del músculo, de manera que éste, a pesar de tener suficiente fuerza, no tiene una acción eficaz ya que ha perdido su punto de anclaje sobre el que traccionar el párpado.

El tratamiento de la ptosis palpebral, independientemente de la causa, suele ser quirúrgico. Existen diferentes técnicas según el grado de la ptosis y la fuerza que tenga el músculo elevador. Todas ellas son cirugías ambulatorias y, siempre que la edad del paciente lo permita, con anestesia local.

Según el doctor Fernández, “la cirugía más empleada es la reinserción o resección del músculo elevador, en la que, mediante un corte a nivel del pliegue del párpado, localizamos el músculo elevador y lo volvemos a anclar en su posición original (en caso de ser un músculo con suficiente fuerza que ha perdido su anclaje natural; más habitual en adultos) o lo tensamos acortándolo (en caso de ser un músculo con poca fuerza; más habitual en niños). Los puntos a nivel del pliegue del párpado se retiran a la semana, dejando una cicatriz prácticamente imperceptible al estar en un pliegue natural de la cara”.

En adultos, es una cirugía que se puede realizar de manera combinada con la blefaroplastia (eliminación de la piel redundante del párpado), ya que al subir la posición del párpado es habitual que el paciente se vea más piel sobre el mismo tras la cirugía. No es más que piel redundante que permanecía estirada al estar el párpado más caído y que al subir el párpado, se pliega sobre el mismo haciendo evidente la redundancia de piel que ya existía.

La ptosis parpebral no se puede prevenir, pero sí se puede detectar fácilmente en sus etapas iniciales, incluso antes de que se haya empezado a perder campo visual. La experiencia de los oftalmólogos y el equipamiento del Instituto Pitiuso de Oftalmología son la clave para el diagnóstico de cualquier patología ocular.

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