El Día Mundial del Cerebro se celebra cada 22 de julio desde 2014. Esta iniciativa, promovida por la Federación Mundial de Neurología —World Federation of Neurology (WFN)—, tiene como objetivo sensibilizar a la población sobre la importancia de la salud cerebral, impulsar la prevención y favorecer el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades neurológicas.
Para las instituciones sanitarias, esta fecha representa una jornada de concienciación. Sin embargo, para el Grupo Policlínica, el cuidado de nuestra salud neurológica constituye un compromiso y un desafío permanente durante todo el año.
El cerebro es uno de los órganos más complejos y metabólicamente activos del organismo. Las primeras manifestaciones de una alteración neurológica pueden ser discretas: Una cefalea diferente de las habituales, hormigueos recurrentes, episodios de inestabilidad o fallos de memoria que comienzan a interferir en las actividades cotidianas. Con frecuencia, estos síntomas se atribuyen al estrés, al cansancio, cambios de estación o a un ritmo de vida elevado, lo que puede retrasar su valoración.
Aunque muchas de estas molestias pueden tener causas benignas, no deben ignorarse cuando aparecen de forma repentina, persisten, progresan o se acompañan de otros déficits neurológicos. La detección temprana permite identificar enfermedades potencialmente graves y facilita el acceso al tratamiento más adecuado.
«El ritmo de vida actual puede convertirse, en muchas ocasiones, en el mejor escondite para una enfermedad neurológica. Por eso es fundamental prestar atención a los síntomas nuevos, persistentes o diferentes de los habituales», indica el doctor Carlos Fernández, neurólogo.
Síntomas que no debemos normalizar ni infravalorar
La salud cerebral no depende únicamente de la ausencia de dolor. La edad, los antecedentes familiares, el estilo de vida y el control de los factores de riesgo cardiovascular pueden influir de manera decisiva.
Entre los principales signos de alarma neurológica se encuentran:
- Pérdida repentina de fuerza o sensibilidad en la cara, un brazo o una pierna, especialmente en un solo lado del cuerpo.
- Dificultad súbita para hablar, articular las palabras o comprender el lenguaje.
- Desviación de la boca o aparición de asimetría facial.
- Pérdida brusca de visión, visión doble o alteraciones visuales no habituales.
- Inestabilidad repentina, dificultad para caminar o pérdida de coordinación.
- Dolor de cabeza súbito, muy intenso y diferente de cefaleas anteriores.
- Confusión, desorientación o alteración repentina del nivel de conciencia.
- Aparición de una primera crisis convulsiva.
- Estos síntomas pueden corresponder a una urgencia neurológica, especialmente cuando comienzan de manera brusca. La debilidad de un lado del cuerpo, la alteración del habla, la pérdida de equilibrio o una cefalea súbita e intensa son signos reconocidos de posible ictus.
Ante su aparición, no se debe esperar a que desaparezcan ni acudir por medios propios al hospital. Es necesario contactar inmediatamente con el 112, incluso cuando los síntomas no mejoran en pocos minutos, ya que podrían corresponder a un ataque isquémico transitorio.
En síntomas menos bruscos, pero persistentes o progresivos, también es recomendable solicitar una valoración médica, especialmente cuando afectan a la memoria, el lenguaje, la movilidad, la sensibilidad o la autonomía personal. Asimismo, debe evitarse la automedicación, ya que puede enmascarar los síntomas y retrasar el diagnóstico.
El diagnóstico precoz puede cambiar el pronóstico
Uno de los errores más frecuentes es esperar a que los síntomas desaparezcan espontáneamente antes de consultar. Sin embargo, en determinadas enfermedades neurológicas, como el ictus, las infecciones del sistema nervioso o algunas crisis epilépticas, el tiempo transcurrido hasta recibir atención médica puede condicionar las opciones terapéuticas y el grado de recuperación.
En neurología, actuar con rapidez no significa alarmarse ante cualquier molestia, sino reconocer qué síntomas son nuevos, intensos, progresivos o de aparición súbita y consultar por la vía adecuada.
También es fundamental mantener una actitud preventiva y controlar periódicamente la presión arterial, la glucemia, el colesterol y el peso corporal. La salud cerebral está estrechamente relacionada con la salud vascular: los mismos factores que lesionan las arterias y aumentan el riesgo cardiovascular pueden comprometer la circulación cerebral.
«Con frecuencia olvidamos que el cerebro depende de una adecuada circulación sanguínea. Los factores que dañan el corazón y las arterias también pueden reducir el aporte de oxígeno y nutrientes al tejido cerebral», explica el especialista.
Cómo proteger nuestra salud cerebral
El ejercicio físico regular, una alimentación equilibrada, un descanso adecuado, la actividad intelectual y el mantenimiento de las relaciones sociales contribuyen a preservar la función cerebral y la autonomía a lo largo de la vida.
También es recomendable evitar el tabaco, moderar el consumo de alcohol, controlar los factores de riesgo vascular y solicitar atención médica ante cualquier síntoma neurológico nuevo o inexplicable. La prevención, el diagnóstico temprano y el acceso continuado a la atención especializada forman parte de los pilares promovidos por la Federación Mundial de Neurología para proteger la salud cerebral.
Acciones sencillas para prevenir consecuencias irreversibles
En Ibiza, la sensibilización de la población resulta especialmente importante para favorecer que las personas reconozcan los signos de alarma y sepan cómo actuar ante una posible urgencia neurológica.
El Día Mundial del Cerebro constituye una oportunidad para recordar la importancia de la prevención, la educación sanitaria y el diagnóstico precoz. Conocer los síntomas de alarma, mantener controlados los factores de riesgo cardiovascular y consultar ante manifestaciones neurológicas nuevas son medidas sencillas que pueden evitar complicaciones y reducir el riesgo de secuelas.
En Grupo Policlínica de Ibiza recordamos que la atención neurológica puede resultar especialmente eficaz cuando el paciente consulta durante las fases iniciales de la enfermedad. La combinación de valoración especializada, tecnología diagnóstica, educación sanitaria y seguimiento multidisciplinar permite abordar con mayor precisión las enfermedades que afectan al cerebro, la médula espinal, los nervios y los músculos.
Porque el cerebro es el centro de lo que pensamos, sentimos y hacemos. La mejor manera de cuidarlo es conocer sus señales, proteger nuestra salud vascular y actuar a tiempo. ¡Escucha las señales de tu cerebro!
¡Reconócelas y actúa a tiempo!
